Deje por un momento su ego aparcado y permítase el placer de reflexionar.
Con un poco de suerte conseguirá enlazar más de dos ideas y empezar a construir su pensamiento. Su propio pensamiento; sí, al fin y al cabo, fuertemente influido por el contexto en el que eligió malvivir, pero tomémonos ambos ciertas licencias y aceptemos que, al fin y al cabo, es su "pensamiento".
Tome aire, cuente hasta 10, rásquese la rabadilla, o por delante, si le viene de gusto. Algunos se mesan la barba y otros se atusan la calva. Tampoco nos pongamos exquisitos y seamos realistas...
Ahora que parece que parece "discurre", disfrute de la cuestión. ¿De qué es usted culpable?
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Porque lo es, claro que lo es. ¡Y LO SABE!
Si práctica alguna religión, se lo habrán quizá recordado, y con asiduidad, si es devoto practicante; sino, algún resquicio de cierta moral aprendida tal vez le venga a la mente, pero si, ni por esas, yo se lo recuerdo... CULPABLE. ES USTED CULPABLE.
No, no se haga el remolón. Ambos sabemos de lo que estoy hablando.
Que todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario es algo que parece usted haber olvidado, pero lo suyo es peor. Piensa que tratando de ocultarlo podrá continuar, que satisfaciendo sus nimias necesidades, cumpliendo con su cónyuge o su referente podrá olvidar,...
La culpa está ahí y no va a desaparecer.
Pues ahora jódase usted,
No haberlo hecho,
Haber pensado antes.
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